Trinidad que solapas las voces
De los que pegan coces de hierro;
Trinidad de herrumbre,
de colchones del yerro,
de las que esconden escombros del cierzo.
Trinidad que acompaña
Al mendigo sin techo,
Al que no tiene pecho
O al que no cesa en su quejido,
Por no plantar cara al despecho.
Ligaduras de trompas o trompos;
¡ qué importa!
Si al final todos lamen la misma ceniza
Y todos ruedan en la misma espiral
Del odio
O del desenfreno…
Eso es lo de menos para el amanecer…
Criadillas de la madrugada,
Que malgastan sus vidas llorando el otoño…
¡qué importa!
Si el romper de corazones
Es la misa de cada día,
El ritual,
Sagrado,
Como el ocaso de los astros muertos,
Que nos regalan las migajas
Como quien no quiere las alhajas
Cuando abunda la ración.
Trinidad,
Que arrancas los egos de los alardeantes,
Y vendes el polvo al precio de estampa en timo.
No creo en ti ni en quien te predica:
Presta tus ojos a quien de ti abdica
Y no rejonees a mi corazón,
Que las banderillas ya son las astillas
De lo que crees tu pasión…
¡Oh Trinidad!
miércoles, agosto 15, 2007
Trinidad
Publicado por Un hombre tierno en 6:32 a. m.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario